Día del Padre: poema Cuanta razón tenías papá

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  • CUANTA RAZON TENIAS PAPÁ


    ¡Cuanta razón tenías papá!…
    cuando de niño me dijiste que tenía que ser muy cuidadoso para controlar mi vida. Después crecí sin hacerte caso. Y cuando me creí grande, quise conquistar al mundo saliéndome de la casa porque quería formar un hogar.
    ¡Cuanta razón tenías papá!…
    Recuerdo que te dejé con la palabra en la boca y con los brazos abiertos tratando de detenerme.
    ¡Cuanta razón tenías papá!…
    Me rogaste para  que no dejara la escuela. Me hiciste ver que era fundamental en mi vida para lograr un mejor futuro, pero yo no quise escucharte, me dijiste que la juventud era una etapa que pasaba como un suspiro. A cambio de ello,  cerré mis ojos y mis oídos y me marché. Por eso solamente llegué hasta la secundaria. Mi madre me rogó también que siguiera estudiando y yo les dije a los dos que estaba harto de sus sermones y que por favor me dejaran en paz.
    ¡Cuanta razón tenías papá!…
    Recuerdo que mi madre  decía que no me casara porque estaba confundiendo la atracción física y la pasión, con una responsabilidad de hogar, por eso apenas cumplí la mayoría de edad, me casé sin saber si quiera qué es estar enamorado.
    ¡Cuanta razón tenías papá!…
    Esa mañana intentaste detenerme con lágrimas en los ojos y me dijiste “Algún día serás papá y me vas a entender hijo”. Entonces me enfrenté contigo y te dije “Yo sí seré un buen padre, no voy a fastidiar a mis  hijos, yo voy a dejar que sean felices y los voy a entender como no me entendieron a mí.
    Sí…¡Cuanta razón tenías papá!
    Apenas me sentí libre, corrí a emborracharme con mis amigos hasta desfallecer. Caí en las garras del vicio. Un día desperté tirado en la calle, sucio, maloliente, hasta me atreví a pedir limosna y se me hizo fácil robar.
    ¡Cuanta razón tenías papá!
    Cuando me auguraste que  si yo abandonaba el hogar, mi madre se moriría de tristeza o de pena. Yo me burlé de ti, te grité que si eso sucedía era por tu culpa, por la vida tan estricta que nos dabas, por tu concepto duro de disciplina y la responsabilidad que a regaños nos inculcabas.
    Cuánto tiempo tardé en comprender papá, aquellas palabras que me dijiste cuando era niño: “Hijo mío, ¡Cuánto quisiera que no crecieras, para que siempre fueras mi pequeñito!”
    Pero ya lo ves papá… Hoy me arrepiento de todo lo que hice. Estoy arrepentido de todas las palabras que te grité. Sí, papá, estoy arrepentido aunque es demasiado tarde, porque ya te fuiste de mi lado.
    Hoy, estoy triste, solo, abatido, en un hospital  lleno de angustia esperando noticias de mi hijo que no ha venido a verme. A ese hijo que según yo, iba a educar mejor que tú. Sí papá…yo también tuve un hijo que no supe guiar. Él también se fue de la casa, él también me dejó, se tiró al vicio y hasta me dijo que sería mejor que yo  muriera porque fue a hacer su vida, así como un día quise hacerla yo.
    ¡Sí!…¡Cuanta razón  tenías papá!
    Hoy lo entiendo. Pero ya pasó mucho tiempo, me costó dolor y sufrimiento hasta que comprendí cuanto te amé… pero a pesar de todo y hoy que no estás conmigo te digo con todo mi corazón.
    ¡CUANTA RAZÓN TENÍAS PAPÁ!
    ¡¡CUANTA RAZÓN  TENÍAS…PAPÁ!!

    Juan Morales Martínez

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